Cecil

Atelier Bow WowLo primero que percibí, en su penumbra interior, fue la jerarquía esencial de los objetos. Quizás crea en ellos más que en las personas. Entiendo que ha subrayado esa relación en alguno de sus libros. Los objetos lo preocupan y, no obstante el largo tiempo transcurrido desde que empezó a interesarse por ellos, continúan hechizándolo. Por eso no me equivoco si digo que el interior de su cabeza está amueblado como su casa; que su casa se reproduce en esa zona invisible, con exacta precisión, y que aunque suele parecer distraído y su vista no es demasiado buena, nada escapa a su inventario cuando recorre sus vastas habitaciones.

La casa es muy grande, demasiado grande, tal vez. La encontró por casualidad, en esta lejanía, en pleno corazón de la República, sombreada por enormes árboles, y, según le place repetir, la compró por monedas. Es una casona cuyo tenaz, peligroso hispanismo acaso excede sus aspiraciones, porque cuando muestra su larga fachada, puntualiza la presencia de cuatro bustos erigidos en la balaustrada de la terraza principal, y dice: “Los he mandado a poner ahí, para ‘italianizar’ la quinta, para que tenga más el aires de una ‘villa’, que de un cortijo o de un cigarral español.”

Manuel Mujica Láinez, Cecil (1962)

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