Pongamos que hablo de Madrid

Allá donde se cruzan los caminos,
donde el mar no se puede concebir,
donde regresa siempre el fugitivo,
pongamos que hablo de Madrid.

Donde el deseo viaja en ascensores,
un agujero queda para mí,
que me dejo la vida en sus rincones,
pongamos que hablo de Madrid.

Las niñas ya no quieren ser princesas,
y a los niños les da por perseguir
el mar dentro de un vaso de ginebra,
pongamos que hablo de Madrid.

Los pájaros visitan al psiquiatra,
las estrellas se olvidan de salir,
la muerte viaja en ambulancias blancas,
pongamos que hablo de Madrid.

El sol es una estufa de butano,
la vida un metro a punto de partir,
hay una jeringuilla en el lavabo,
pongamos que hablo de Madrid.

Cuando la muerte venga a visitarme,
que me lleven al sur donde nací,
aquí no queda sitio para nadie,
pongamos que hablo de Madrid

Joaquín Sabina

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Un pensamiento en “Pongamos que hablo de Madrid

  1. más que amor, amor-odio por Madrid, diría yo de esa canción…
    Al cabo de los años, y después de los atentados del 11M de 2004, Sabina volvió a dedicarle una canción a Madrid, más cariñosa y luminosa, “Yo me bajo en Atocha”:

    “Con su boina calada, con sus guantes de seda,
    su sirena varada, sus fiestas de guardar,
    su vuelva usted mañana, su sálvese quien pueda,
    su partidita de mus, su fulanita de tal.

    Con su todo es ahora, con su nada es eterno,
    con su rap y su chotis, con su okupa y su skin,
    aunque muera el verano y tenga prisa el invierno
    la primavera sabe que la espero en Madrid.

    Con su otoño Velázquez, con su Torre Picasso,
    su santo y su torero, su Atleti, su Borbón,
    sus gordas de Botero, sus hoteles de paso,
    su taleguito de hash, sus abuelitos al sol.

    Con su hoguera de nieve, su verbena y su duelo,
    su dieciocho de julio, su catorce de abril.
    A mitad de camino entre el infierno y el cielo
    yo me bajo en Atocha, yo me quedo en Madrid.

    Aunque la noche delire como un pájaro en llamas,
    aunque no dé a la gloria la Puerta de Alcalá,
    aunque la maja desnuda cobre quince y la cama,
    aunque la maja vestida no se deje besar,

    Pasarelas Cibeles, cárcel de Yeserías,
    Puente de los Franceses, tascas de Chamberí,
    ya no sueña aquel niño que soñó que escribía,
    Corazón de María, no me dejes así.

    Corte de los Milagros, Virgen de la Almudena,
    chabolas de uralita, Palacio de Cristal,
    con su “no pasarán” con sus “vivan las caenas”,
    su cementerio civil, su banda municipal.

    He llorado en Venecia, me he perdido en Manhattan,
    he crecido en La Habana, he sido un paria en París,
    México me atormenta, Buenos Aires me mata,
    pero siempre hay un tren que desemboca en Madrid,
    pero siempre hay un niño que envejece en Madrid,
    pero siempre hay un coche que derrapa en Madrid,
    pero siempre hay un fuego que se enciende en Madrid,
    pero siempre hay un barco que naufraga en Madrid,
    pero siempre hay un sueño que despierta en Madrid,
    pero siempre hay un vuelo de regreso a Madrid.”

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