La mujer habitada

Lina Bo Bardi en la construcción del MASP

Sí, se dijo, escogiendo cuidadosamente la ropa, sacudiendo la cabeza para acomodar los rizos — el secreto era no peinarse— ella estaba a tono con la época. Hacía más de un mes se había trasladado a la casa de la tía Inés, abandonando la casa paterna. Era mujer sola, joven e independiente. La tía Inés era quien de niña la había criado. En esa casa, solía pasar largas temporadas porque sus padres andaban muy ocupados con la juventud, la vida social y el éxito. Sólo cuando se percataron que ya estaba crecida, cuando le vieron asomar la edad, los senos, el vello, las curvas, pusieron en plena vigencia la patria potestad para mandarla a estudiar a Europa, como se estilaba en ese tiempo entre la gente de linaje. La tía Inés no hubiera querido verla partir nunca, pero abrumada por los derechos paternos del hermano, se conformó con aleccionarla para que no se dejara convencer de estudiar para secretaria bilingüe u optometrista. Ella quería ser arquitecta y tenía derecho, le dijo. Tenía derecho a construir en grande las casas que inventaba en el jardín, las maquetas minuciosamente construidas con palos de fósforos y viejas cajas de zapatos, las mágicas ciudades. Tenía derecho a soñar con ser algo; a ser independiente. Y le allanó el camino antes de morir. Le heredó la casa del naranjo y todo cuanto contenía “para cuando quisiera estar sola”. Lavinia terminó de vestirse, aspirando a pleno pulmón el olor fragante en pleno enero, sin percatarse del calendario alterado de la naturaleza, sin sospechar el destino marcándola con su dedo largo e invisible. Cerró la puerta de la habitación y recorrió la casa revisando trabas y candados. Era una construcción hermosa. Una versión reducida de las enormes mansiones coloniales volcadas hacia el patio interior. Cuando ella llegó padecía la decrepitud y el abandono. Le crujían las puertas, le goteaba el techo; sufría el reumatismo de la humedad y el encierro. Con el producto de la venta de muebles antiguos y sus conocimientos de arquitectura, la arregló; la convirtió en selva llenándola de plantas, cojines y cajones de colores, libros, discos. Le alborotó el orden que suelen habitar las personas maduras y solitarias.

Gioconda Belli, La mujer habitada, Seix Barral, 2010

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Un pensamiento en “La mujer habitada

  1. Fuerte, intensa, aguerrida, todo un mujerón, Gioconda Belli. No podía ser de otro modo su ímpetu en defensa de la libertad, en este caso de la elección libre de la carrera a estudiar de la protagonista de “La mujer habitada”
    Después del triunfo de la Revolución Nicaragüense en 1979 Belli ocupó varios cargos dentro del gobierno sandinista. En 1984 fue representante sandinista ante el Consejo Nacional de Partidos Políticos y vocero del FSLN en la campaña electoral de ese año. Belli dejó todo cargo oficial en 1986 para dedicarse a escribir. De esta época es la novela ” La mujer…”
    Celebro la elección de esta escritora y más aún la determinación del trozo escogido.
    Leer la novela es un placer….
    Muy a tono las bellas ilustraciones. Felicitaciones. .

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