La feria

la boqueria

Como por suerte vivo frente a una plazoleta donde los jueves y domingos se instalan los puestos de la feria franca municipal, algunas mañanas me distraigo recorriendo las angostas calles de esa milenaria ciudad. (…) La feria es un ambiente donde cosas y personas pierden su individualidad. En cambio, el quiosco es la persona y su negocio una parte integrante de ella.

Los parroquianos se saturan automáticamente de un aire arcaiquísimo por el solo hecho de entrar en una feria. La venta al aire libre, en plazas, calles y caminos conserva todavía sus notas pintorescas y la primitividad de toda relación entre la oferta y la demanda. (…)

Es un consuelo ver que la feria y el ser humano permanecen estrechamente vinculados a través de las edades, con muy poca modificación en su estructura, aunque el mundo entero se haya transformado de manera inconcebible. Queda la esperanza de que cuando todo ese aparato de civilización y progreso llegue a un punto crítico de evolución y no pueda seguir adelante, o amenace con la destrucción instantánea de la suma de su conquista, pueda caer a lo tan antiguo, que permanece fiel a las leyes lentas e infalibles de la vida. Se destruirán las ciudades y el hombre se salvará; se destruirá todo el sistema industrial y mercantil y la feria seguirá existiendo en las calles o en los caminos.

Ezequiel Martínez Estrada

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