Eupalinos o el arquitecto

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-A fuerza de construir, díjome sonriente, creo que acabé construyéndome a mí mismo (…) y añadió: sopesé la justeza de mis pensamientos, para que, claramente engendrados por la consideración de las cosas, se trocaran, como por sí mismos, en los actos de mi arte. (…) ese templecillo que levanté para Hermes, a algunos pasos de nosotros, ¡si supieses lo que es para mí! -Donde no distingue el transeúnte más que una elegante capilla- poquita cosa… cuatro columnas, estilo sin aderezo- puse el recuerdo de un día claro de mi vida. ¡Oh dulce metamorfosis! Este templo delicado, sin que nadie lo sepa, es la imagen matemática de una moza de Corinto a la que amé venturosamente. Fielmente reproduce sus particulares proporciones. Para mí, el templo vive. Me devuelve lo que le di. 

-Este es, pues, el motivo de su gracia inexplicable, le dije. Bien se advierte en él la presencia de una persona, la flor primera de una mujer, la armonía de una viviente donosura. Despierta vagamente un recuerdo que no sabe llegar a su término; y ese principio de la imagen cuya perfección posees, no deja de flechar el alma y de confundirla. ¿Sabes que, abandonado a mis pensamientos, la comparara a un cántico nupcial acompañado de flautas, que sintiese nacer en mí?

Eupalinos me contempló con más precisa y tierna amistad. 

-¡Oh!, naciste para comprenderme. Nadie se acercó más que tú a mí, demonio. Bien quisiera confiarte todos mis secretos, pero de alguno no sabría convenientemente platicarte, por lo mucho que hurtan al habla; y los otros gran riesgo correrían de tu cansancio, porque se refieren a los procedimientos y conocimientos más especiales de mi arte. Sólo puedo decirte qué verdades, cuando no qué misterios, venías rozando al hablarme de conciertos, de cánticos y flautas con motivo de mi templo reciente. Dime (pues eres tan sensible a los efectos de la arquitectura), si has observado, en tus paseos por esta ciudad, que entre los edificios que la pueblan, unos son mudos, otros hablan y otros en fin, los más raros cantan.

Paul Valéry, Eupalinos o el arquitecto, 1921

 

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3 pensamientos en “Eupalinos o el arquitecto

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