Todo lo que había que saber

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Todo lo que había que saber de esta ciudad se aprendía sentado en el cordón de la vereda / esperando que pasara “el Gringo” Tosco / el símbolo mayor de la resistencia cordobesa / llevaba el pelo caído sobre un ojo / un destornillador en el bolsillo de los cigarrillos / y caminaba como un loco oyendo voces / Epec quedaba en General Paz al 300 / el cine Sombras al 400 / al 500 las chicas de la noche fumaban entre árboles negros y desnudos / si seguías caminando en línea recta y con la cabeza gacha llegabas a Santiago del Estero.

Todo lo que había que saber sobre literatura argentina se aprendía en el bar Buvette / en el pasaje Muñoz / ahí escribía Ernesto Sabato​ el pri­­mer borrador de Sobre héroes y tumbas / el maestro trabajaba de cara a la pared / con la boca entreabierta / se estaba quedando pelado / hay escritores que no tienen edad / y que viven con el espíritu desgarrado / un día se enojó por culpa de un café recalentado / rompió el ticket / y se mandó a mudar / me hizo acordar a Faulkner / cuando para escribir se encerraba / y para asegurarse / arrancaba el pomo de la puerta.

Posdata: el bar Buvette estaba emplazado frente a los pescaditos / los pescaditos / nadaban en peceras diferentes / y se pasaban la vida despidiéndose / los unos a los otros.

Todo lo que había que saber sobre alta precisión se aprendía subido a la balanza de la farmacia Minuzzi / en serio / cada vez que bajábamos al centro de paseo / íbamos a la farmacia a comprar Hepatalgina / algodón Estrella / Cirulaxia / y nos pesábamos / para pesarse mi mamá se descalzaba y se sostenía del hombro de papá / la primera vez que compré preservativos / lo hice / a manera de homenaje / en la Minuzzi / la farmacia que me enseñó a dividir el kilo en gramos y los gramos en palitos.

Todo lo que había que saber del comunismo / de las gloriosas multitudes avanzando con una flor entre los labios / todo lo que había que saber de Pepe Stalin / y del agudo y oscilante murmullo del proletariado/ se aprendía / sentado sobre un cajón de manzanas / con la luz apagada / mirando El acorazado Potemkin / en un garaje propiedad del cineclub de barrio Empalme / yo todo lo que sé es que cuando fui a Rusia / lo único que saqué en limpio es que si uno no puede morir entonces tiene que soñar / eso / y las ladillas / unas 850 mil por cada asiento de paja de un trencito de acero que escupía hielo y cuyas ventanillas nunca se cerraban.

Todo lo que había que saber sobre las chicas / se aprendía mirando a la mujer de bronce que ilustraba el anverso de los billetes de un peso / una mujer en camisón con una antorcha / una mujer de verdad / un poco vieja / un poco cansada / más allá del tiempo / más allá de la muerte / creo que era la República Argentina / cómo será que mi corazón aún la sigue viendo hermosa.

Todo lo que había que saber de los mosqueteros de Luis XIII / el rey nabo / se aprendía sobre una silla bien lustrada en la muy divina biblioteca Vélez Sársfield / os diré una cosa / lectores / podéis leer todos los libros de la biblioteca y / nunca llegaréis a saber qué es la literatura / a cambio del mismo esfuerzo / sin embargo / podréis obtener una ajustada definición de vosotros mismos.

Todo lo que había que saber sobre los misterios de la Nueva Andalucía / se aprendía caminando como un puma por Jerónimo Luis de Cabrera / Alta Córdoba / yo fui criado / educado / matrizado / y entrenado / jugando al rango / a la chiri / a la pelota envenenada / he visto a muchos curas pasear en bicicleta / he escuchado a las locomotoras del Belgrano hacer el mismo ruido que los búfalos de John Ford en aquella película que daba Cinerama / he saltado la tapia del Hindú Club para bailar con la orquesta de Hugo Forestieri / entonces / ¿cómo no voy a escribir con dos dedos?

Todo lo que había que saber del río Tiber / de Lorenzo el Magnífico / de Paolo Uccello​ / de Cosme el Viejo / y de los Museos Capitolinos / se aprendía mirando los números romanos del reloj de la joyería Escasany.

Cuando se acababa el aprendizaje / es que ya estabas listo para largarte / ¿qué?/ ¿largarme? / ¡oh, no! / ¡qué sería de nosotros sin nosotros!

Daniel Salzano, publicado en La Voz del Interior, 30 de julio de 2011

Imágenes: Antonio Seguí

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