La arquitectura humilde de un pueblo del páramo Leonés

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En tiempos de otoño, después de echadas las vendimias y acabadas las labores del vino, se amontonan las tierras, que han de ser centenales, un poco silíceas, sin demasía. Se amontonan en ringleras, como para formar un parvón, de modo que no resulte mucha la masa amontonada, para que llegue bien adentro el tempero para que cuezcan. Caen sobre la tierra así preparada las heladas del invierno, las lluvias, las nieves; luego en los días transparentes y claros, días diáfanos, azules, típicos de la meseta, el sol deslíe los hielos y se pasan a las tierras, que se van esponjando, soltando, aireando, muriendo, porque pierden fertilidad con el continuo remover a que las someten los aldeanos, y conviene a la buena técnica de la tapería que pase un año antes de meter la tierra entre las puertas de tapiar. “Más vale que se pierda un hombre que no una costumbre” y por olvidar la costumbre de cocer las tierras destinadas a la tapería, no tienen los tapiales de ahora aquel buen apriete de antes, cuando no eran en ellos frecuentes las resquiezas que afean los actuales y era ejemplar el lustre de la tapería.

Un buen muro de tapiales de barro ha de levantarse sobre un excelente puntido. Para ellos son precisos muy escogidos cantos rodados, limpios, grandes y con caras planas, una al menos, para que queden al aire; más menudos sonces y desiguales para el relleno del puntido.

Exige la técnica de la tapería disponer de un buen armaje completo; unas puertas de tapiar bien recias, planas y gruesas, unas cepillas arregladas, macho y hembra, cuatro por juego de puertas; tiene la hembra dos forquetas como característica y el macho una forqueta y un espigo; también precísanse unos agujeros y unos pisones y para hacer el apriete del armaje útil será preciso tener unas pinas de negrillo secas y clavos como los de antes, de bellote, en buen número, que no falten.

Hecho el cimiento de canto y cal o de barro y canto se monta el armaje sobre la tierra misma, sin usar por esta vez las capillas, y una vez acuñadas firmemente las puertas por sus pies, habiéndose evitado así que abran y se desbarate la obra, el tapiador dispone cuidadosamente los cantos del puntido, que ha de tener a lo menos cuarenta o cincuenta centímetros de alto, unos cantos encima de otros, bien trabados por tongadas horizontales; y alcanzando el nivel necesario se empieza a volcar entre las puertas y sobre el puntido la tierra preparada y se apisona recio y por menudo, que la tapería de calidad quiere ir muy pisada, y para esto es preciso cuidar de los tapiadores que no se emboben, que para ser buen tapiador hay que tener brazos duros y mucho empuje. Se riegan las tierras alguna que otra vez, aún cuando no mucho, porque puede embarrarse la masa y esto no conviene, ni siempre, cuando se vea mal atemperada la tierra.

Acabada la primera hilada de tapiales, debe fabricarse la segunda, no dejando pasar mucho tiempo de una a otra operación, y se procede del mismo modo que antes, sin más diferencia que colocar ahora las capillas sobre el tapial ya construido para hacer andamio, cuando lo pida ello; para apoyar las puertas de tapiar siempre… Si el muro lleva huecos de paso o luces, hay que colocar previamente los marcos o cercos para que queden presos y recibidos, cuidando de aplomarlos bien, particularmente los de paso, que, por ser mayores acusan mas los desavíos, y conviene al montarlos, escuadrar con esmero la viga rastral con las enteras, y estas quedan con la vista.

En la buena época los tapiales al tiempo de construirse se revocaba, jarreando para para ello con cal las puertas de tapiar, de modo que quedasen bien cubiertas de material, con un grueso de tres o cuatro centímetros, y así, al verificarse el apisonado de las tierras, apretábanse contra la mezcla, y a un mismo tiempo fraguaban los tapiales y sus revocos, resultando estos consistentes y de dureza extraordinaria.

Gustavo Fernández Balbuena, La arquitectura humilde de un pueblo del páramo Leonés.

Arquitectura núm 38 junio de 1922 (extractado de “Cobijo” de Lloyd Kahn)

Imágenes: Sally Seymour

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