La historia de San Michele

1606513_10152184268788200_879580037_oNinguno de mis compañeros sabía leer ni escribir, ninguno había participado en la construcción de una casa, excepto las de los campesinos, más o menos iguales todas; pero mastro Nicola sabía construir un arco, como lo sabían también su padre y su abuelo, desde infinitas generaciones: los romanos fueron sus maestros. Que aquélla sería una casa distinta de cuantas vieran hasta entonces ya lo habían advertido, y todos se interesaban mucho; ninguno sabía qué aspecto tendría, ni yo mismo. Para proseguir, no teníamos más que un tosco esbozo, dibujado por mí con un trozo de carbón en el blanco muro del jardín. No sé dibujar absolutamente nada: parecía trazado por la mano de un niño.

Ésta es mi casa —les explicaba—, con enormes columnas romanas que sostendrán las abovedadas habitaciones y, naturalmente, con columnitas góticas en todas las ventanas. Ésta es la galería con sus robustos arcos; más adelante decidiremos el número de ellos. Aquí viene la pérgola, con más de cien columnas, que conducirá a la capilla; no hagamos caso del camino público que ahora cruza mi futura pérgola: tendrá que desaparecer. Aquí, mirando al castillo de Barbarossa, habrá otra galería; por ahora no veo claramente qué aspecto tendrá, pero estoy seguro de que en el momento oportuno la idea brotará de mi cerebro. Esto es un pequeño patio interior, todo de mármol blanco, una especie de atrio con una fontana fresca en el centro y, alrededor, en los muros, emperadores romanos en sus hornacinas. Aquí, detrás de la casa, derribaremos el muro del jardín y edificaremos un claustro por el estilo del de Letrán en Roma. Aquí habrá una gran azotea donde, en las noches de verano, bailaréis la tarantela vosotras, muchachas. En lo alto del jardín volaremos la roca y construiremos un teatro griego, abierto al sol y al viento por todas partes. Esto es un paseo de cipreses que conducirá a la capilla, que, naturalmente, reconstruiremos como una capilla con asientos de coro y vidrieras de colores; pienso convertirla en mi biblioteca. Esto es una columnata gótica que circundará la capilla y sobre la cual, mirando a la bahía de Nápoles, izaremos una enorme esfinge egipcia de granito rojo, más vieja que el mismo Tiberio. Es el lugar adecuado para una esfinge. Por ahora no sé dónde la encontraré, pero estoy seguro de que llegará a su debido tiempo.

Todos estaban muy contentos y anhelaban terminar pronto la casa. Mastro Nicola quería saber de dónde vendría el agua para las fuentes.
Naturalmente, del cielo, de donde venía toda el agua de la isla…

(…) Estaba completamente ayuno de arquitectura, y asimismo mis compañeros de trabajo; nunca intervino en éste nadie que supiera leer o escribir. Ningún arquitecto fue consultado, ningún dibujo preciso, o plano, se hizo; ninguna medida exacta fue tomada. Todo se realizó a ojo, como decía mastro Nicola.

Axel Munthe, La historia de San Michele, 1929

para descargar el libro completo ir aquí

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2 pensamientos en “La historia de San Michele

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